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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Mendozazo: noticias de la clase obrera cuyana

Por Emmanuel Bonforti*

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El Mendozazo debe ser analizado en el contexto del auge de masas que se da en los años previos al regreso de Perón. Generalmente se suele periodizar al Cordobazo como un hito central en la historia del movimiento obrero. Esto es en parte cierto pero también algo parcial, ya que los levantamientos de masas nacionales como el Mendozazo y otros “azos” deben leerse en clave de continuidad de la práctica de la resistencia que se inicia en 1955 y que encuentra en el movimiento obrero organizado su actor protagónico.

Antecedentes 

El Cordobazo tiene como consecuencia directa el cuestionamiento del programa económico de Juan Carlos Onganía: gobierno que pensaba perpetuarse más de veinte años en el poder. Esto significó un baño de realidad para las intenciones del gobierno militar, pero sobre todas las cosas dio muestras de unidad de los sectores populares. No es casualidad que de las jornadas se popularizó el canto “obreros y estudiantes unidos, adelante”. Sin embargo, esta lectura resulta un tanto romántica y parte de la ficcionalidad de querer replicar el mayo francés en las Pampas argentinas. Lo cierto es que a partir de este período el movimiento obrero fue adquiriendo mayor centralidad y legitimidad en los diferentes estratos sociales. Sin embargo, es digno destacar, que la unidad popular abría un escenario diferente. Si durante el 17 de octubre o las jornadas del golpe de 1955 ciertos grupos estudiantiles fueron actores que por momentos tomaron partida por la reacción, a partir del Cordobazo esa tendencia se revierte.

Un mes después al Cordobazo, catorce locales de una cadena de supermercados vinculada a Rockefeller sufren atentados. A los días siguientes es asesinado Augusto Vandor, en el velatorio desarrollado en la sede de la UOM, los compañeros del Lobo rechazan la presencia de emisarios del gobierno nacional. Más tarde, la CGTA lanza un paro nacional activo del que resultan detenidos sus principales referentes: Di Pasquale, Borro, Ongaro.

Un año después del Cordobazo, en mayo de 1970, la sociedad argentina se despierta con la noticia del secuestro del ex presidente golpista Aramburu. Tiempo más tarde un episodio similar al Cordobazo, en este caso nominado el Viborazo, irrumpe en aquella provincia. Todos estos sucesos permiten pensar cómo el gobierno militar de Lanusse se encontraba en retirada. Y era posible por la acción combativa del movimiento obrero organizado que día a día, y ahora combinación con otros actores, erosionaba las diferentes autoridades provinciales que se fueron suscitando durante esos años.

Noticias desde Mendoza

Generalmente cuando se piensan los movimientos de masas se hace referencia a los grandes centros urbanos (Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires). Sin embargo, Mendoza ha tenido históricamente una importante actividad de movilización que se inscribe ya en la decisión de San Martín de armar el Ejército de Los Andes en aquella provincia. 

Como siempre las masas ingresan en escena en el momento menos esperado. No existe un pronóstico del tiempo que indique la probabilidad de acción del movimiento obrero. Solo es posible en este sentido una lectura coyuntural y comprender históricamente como la clase obrera a medida que se acerca el regreso de Perón aumenta el volumen de participación callejera.

La provincia de Mendoza estaba gobernada por el Partido Demócrata, espacio político que legitimaba las fuerzas de la reacción a nivel nacional. Las complejidades de cada región nos muestran como aquel partido gozaba de cierto respaldo popular y había sido elegido para gobernar Mendoza en un contexto de proscripción del partido mayoritario: el Peronismo. Pero la apacible realidad se modifica a partir del anuncio del aumento del 300% de la factura de luz, lo que deriva en la irrupción de las masas a la calle a partir del 4 de abril generando un escenario huelguístico y de represión.

Lecturas apresuradas intentan negar centralidad a la participación del movimiento obrero y argumentan en favor de la movilización en comerciantes y de sectores de izquierda juvenil. Sin embargo identificamos una clara impronta asalariada siendo el gremio docente de los mayores protagonistas, también aparecen los sindicatos vinculados a la industria cementera como principales impulsores de la Mendoza rebelde.

Previo a los días de abril, la CGT ya había anunciado un plan de lucha con paro provincial: las calles de Mendoza se encontraban paralizadas, es decir, las jornadas del 4 de abril no se explicarían sin el accionar y organización de la CGT. El gobierno decidía doblar la apuesta confrontativa y enviaba miles de telegramas de despidos a los trabajadores de la industria del vino. Estos elementos van formando un caldo de cultivo que atraviesan a casi toda la sociedad mendocina, pero que encuentra en el movimiento obrero un vehiculizador de aquellas jornadas, ya que expresa el descontento pero también enuncia en sus reclamos posiciones de carácter nacional y proteccionistas. Nuevamente los sindicatos se ven envueltos en un doble movimiento, por un lado impulsar reclamos de carácter sectorial, pero también interrumpir en la escena provincial con una agenda de consignas de características nacionales y con caudal político. Para la CGT filial Mendoza el regreso de Perón también era una necesidad.

El Mendozazo al igual que otros “azos” no debe ser visto tampoco como una expresión local de la práctica sindical del movimiento obrero, sino que detrás de aquellas manifestaciones se encuentra una consigna de fondo que lo va a acompañar hasta el regreso de Perón y que en momentos de conflicto vuelve a reverdecer “Unamos nuestros brazos por un Argentinazo”

 

 

* Columnista de Mundo Gremial. Docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)