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ANÁLISIS Y OPINIÓN

CGT de los Argentinos: Aproximaciones a las críticas del tercer mundo

Por Emmanuel Bonforti*

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La creación de la Confederación General de los Trabajadores Argentinos (CGTA) fue uno de los íconos del período de la resistencia.  Para muchos su emergencia fue una brisa de aire fresco en medio de una Argentina tormentosa en el plano económico y social.  Para otros, la ruptura de la CGT oficial implicaba un escenario de mayor de debilidad para el movimiento obrero.  El objetivo de este breve artículo es recuperar el contexto de emergencia, el programa y la proyección generacional de la CGTA y así discutir con algunos sectores que sólo recuerdan a la emergencia de la nueva central como un periódico obrero.

Argentina 1968

Debemos ubicar la emergencia de la CGTA como un espacio de rechazo a las políticas económicas y sociales impulsadas por el golpe militar de Onganía.  Dicho golpe, autodenominado Revolución Argentina, tuvo en el plano institucional una impronta fundacional promoviendo la destitución de las autoridades nacionales, provinciales y municipales elegidas previamente a junio de 1966. A lo mencionado se le sumaba la eliminación de la Corte Suprema de Justicia. La señal del nuevo elenco gobernante era clara, se debía abandonar definitivamente el modelo de regulación estatal y liberalizar la economía. La mencionada Revolución se propuso tres tiempos, el económico, el social y político, este últimol derivaría en una convocatoria a elecciones a largo plazo. En relación al económico, la propuesta consistía en un programa orientado al desarrollismo industrial que contemplaría aquellos sectores más dinámicos de la economía. En este punto puede analizarse quizás el germen del nacimiento de la CGTA, ya que su conformación derivaba de aquellas ramas de la industria afectadas por el programa económico de gobierno.

A los fines de avanzar en el plano económico, el gobierno dictatorial lanzó una ofensiva racionalizadora del trabajo, es decir, ajuste y persecución, bajo una lógica de hostigamiento que llegaba a poner en riesgo la personería jurídica de los gremios. Esta actitud, junto con un ajuste liberal clásico, generó la reacción de un alto componente de delegados de bases.  Bajo la excusa de un favorecimiento a la gran industria se ponía en riesgo a pequeñas y medianas industrias que eran históricamente las que mayor empleo generaban.  El plan daba cuenta de un clásico del imperialismo, la monopolización de la economía y con esto una dependencia cada vez más marcada de los centros de poder imperial.

Pormenores de la creación de la CGTA

El 28 de marzo de 1968, luego de varias horas de sesión del Congreso Normalizador de la CGT, derivó en un hecho rupturista e inesperado: la creación de la CGTA. En esa jornada apareció un rostro que acaparó la mayoría de los flashes, estamos hablando del delegado gráfico Raimundo Ongaro, quien fustigaba duramente a diferentes congresales bajo el rótulo de colaboracionistas. El mismo Ongaro dijo, en un tiro por elevación a representantes obreros vinculados a la UOM, “nosotros preferimos la honra sin sindicatos, que sindicatos sin honra”. Con los años el propio Perón había reconocido la figura del delegado gráfico y cuando le consultaron “¿Qué espera, General, de alguien que dice que habla con Dios?”  respondió, “prefiero a los que hablan con Dios y no con Onganía”.  Finalmente Ongaro se convirtió en un conductor con impronta religiosa, algo que también era un símbolo de la época.

El Congreso se extendió por horas.  Algunos gremios como ferroviarios lamentaron la ruptura.  Otros, como los portuarios a través del delegado Mario López Sosa, recordaron esa jornada como “un día elocuente donde se tenía el convencimiento que se estaba recuperando la central para los trabajadores”.

Además de Ongaro como figura central aparecieron hombres como Amancio Pafundi de UPCN, Enrique Coronel de la Fraternidad, Pedro Avellaneda en ATE, Julio Guillán en FOETRA, Benito Romano en FOTIA y Ricardo de Luca en SAON.

 

CGTA, un programa para la liberación

En su creación, la CGTA se proponía algo más que un programa meramente de reclamos sectoriales, intentaba comprender una coyuntura determinada por una crisis económica a la que vinculaba con la relación periférica que tenía Argentina en relación a los centros de poder.  Así, en sus primeras intervenciones, los portavoces de la CGTA aparecía con un enfoque tercerista, alejándose de posiciones colectivistas y aceptando la propiedad privada en su función social.

Con un programa de características frentistas buscaban ampliar la base de legitimidad convocando a diferentes actores de la realidad política y social que tuvieran como punto de partida la crítica al imperialismo y sus consecuencias monopólicas.

La década del 60 y la experiencia de lucha obrera fue recordada a partir de las grandes intervenciones públicas sintetizadas en programas, así aparecieron los programas de Huerta Grande y la Falda.  La CGTA no escapaba a esta lógica y luego del Congreso normalizador sintetiza su enfoque ideológico en ocho puntos.

El primero, es una recuperación de la gesta del movimiento obrero en diferentes países sujetos a los designios del imperialismo.  En este punto, el movimiento obrero aparece como el reservorio de la honestidad y la esperanza en el porvenir.

El segundo punto hace un recuento de los años de gobierno de Ongania, mencionando el rol colaboracionista de algunos sindicalistas pero lo interesante es la analogía entre la década infame (1930) y la actualidad. Detrás de esto puede observarse una creencia mecánica de que en el futuro, inevitablemente, sucederá algo mejor. Si la Década Infame fue la antesala a la emergencia del peronismo, por qué la Revolución Argentina de Onganía no podía ser el gobierno predecesor de un nuevo movimiento nacional. El tercer punto es un mensaje de época con vocación tercerista, señalando el mal que aquejaba a aquellos países que terminaron siendo socios del FMI.  El cuarto punto recupera el humanismo del peronismo otorgándole un lugar central al hombre y su vínculo con la comunidad.  Los siguientes puntos hacen referencia a que la lucha en los países semicoloniales tiene un carácter largo y prolongado y a que para alcanzar el objetivo de la liberación final sería necesaria una convocatoria más amplia sin sectarismos.

 

Balance final

A pesar de los buenos intentos, la CGTA no logró conducir y hegemonizar al movimiento obrero, sin embargo, su aparición debe ser vista como un episodio de la larga Resistencia Peronista, donde se fundieron viejas tradiciones y experiencias de lucha con nuevas formas de organización y componentes ideológicos heterogéneos. Los principales referentes de la nueva Central habían sido perseguidos y encarcelados lo cual indicaba el compromiso, el estilo de vida y los valores a los que se abrazaron.  En esa línea, todo el período de la resistencia excedió y contuvo el regreso de Perón en defensa de un orden de igualdad construido a partir de 1943  y permanentemente socavado desde 1955 por las dictaduras y las dictablandas. La aparición de la CGTA puede ser vista como aquel principio que menciona Gustavo Cirigliano “país que ha vivido según proyectos, no se resigna a existir sin proyectos”.

 

* Columnista de Mundo Gremial. Docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)