ANÁLISIS Y OPINIÓN

Legislatura bonaerense, Omar Plaini, plataformas y la política real

Por Maximiliano Arranz, columnista de Mundo Gremial

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Ya no hay mucho más para agregar: las plataformas hacen lo que se les antoja.

Se terminó la hipocresía del debate de ideas y la simulación de la contraposición de modelos. Hoy queda expuesto que solo existe la puja de poder y que gana el que más lo acumula.

Las aplicaciones desembarcaron en Argentina durante el gobierno de macri (sí, con minúsculas), cuando en la visita de Barack Obama el CEO de Uber fue parte de la comitiva.

El discurso inicial de las multinacionales digitales hizo foco en una supuesta “zona gris” legislativa que, según ellas mismas, les permitía funcionar a su antojo y en autodenominarse “el futuro del trabajo”.

Y así transcurrieron los primeros años discutiendo la relación de dependencia con empresas que porfiaban que un joven trabajador de San Francisco Solano que, acorralado por las necesidades de una situación económica angustiante no tenía otra alternativa que salir a repartir empanadas en una noche de invierno, no era un trabajador, sino un “emprendedor independiente soberano de su propio tiempo”.

Cuando, a pesar de toda la pauta con la que compraron a los grandes medios ya no tuvieron cómo sostener la falacia de la “zona gris”, pretendieron resaltar las supuestas virtudes del modelo que imponen. Para esto tienen un modus operandi en extremo evidente, que consiste en financiar a un puñado de carneros que vociferan, ante cuanto micrófono le pongan delante, las bondades de “ser su propio jefe” y lo malvados que son los sindicatos. Nobleza obliga hay que reconocer que siempre hay un grupúsculo de libertarios de bajos recursos que hacen de carneros solo por amor a la bota que los pisa.

Este formato de falsa representación de trabajadores oponiéndose a cualquier clase de regulación ya se pudo ver en acción en Salta, Rosario, CABA y La Plata. Y digo falsa porque convengamos que si hay decenas de miles de repartidores y las “movilizaciones” de los “antiderechos laborales” nunca superan las 50 personas, es llamativo que los medios y cierto sector de la clase política les asigne la representación de todo el colectivo.

Entonces entra en juego el compañero Omar Plaini quien, más allá del proyecto y las formas que eligió para llevarlo adelante, tomó la decisión de pegarle al chancho; y, claro, rápidamente apareció el dueño.

De repente ya no importó la búsqueda de la verdad y ni siquiera tener los sofismas necesarios para mostrarse públicamente como portadores de la razón. Lo único verdaderamente relevante pasó a ser tener el músculo suficiente para volcar la balanza en beneficio propio.

Así pudimos observar a cielo abierto cómo se ponía en movimiento todo el entretejido de relaciones de las plataformas. El poder del lobby fue tal que un proyecto de ley que no hacía más que promover la creación de un simple registro, con media sanción de la cámara de senadores y con los votos suficientes para ser aprobado en diputados, súbitamente logró postergar su aprobación.

Pura fuerza bruta. Los comunicados y las operaciones de prensa solo son parte del decorado. Todos sabemos que el repentino freno se dio porque “llamó Pekerman”.

Días pasados, en Formosa, la Justicia inhabilitó a Uber hasta tanto se adecue a la normativa vigente. La plataforma se negó a cumplir la resolución y la intendencia le pidió al ENACOM que bloquee a la “app”, pero resulta que el organismo no tiene la capacidad de hacerlo porque se trata de una aplicación internacional.

Para las supranacionales tecnológicas hay protección política, impunidad legal y postergación legislativa. Pero lo más preocupante de todo es la, al menos por ahora, invulnerabilidad técnica.

El Consejo Directivo de CGT mencionó en su último comunicado, titulado “Estamos a tiempo”, la importancia de abordar el impacto de la tecnología en el mundo del trabajo. Podemos organizar miles de charlas, plenarios y conferencias de prensa; todo suma. Pero la realidad nos indica que mientras la nueva oligarquía digital dueña de los algoritmos está avanzando sin pausa en el internet 3.0 (descentralización e inteligencia artificial entre otras características) y tiene muy en claro que su enemigo es el sindicalismo al cual debe destruir, el movimiento obrero recién inauguró su página web (internet 1.0) en 2020.

Las asimetrías en esta carrera son las más grandes de la historia. Pero debemos asumir nuestras debilidades y convertirlas en fortalezas. La gran batalla está a la vuelta de la esquina. Sé que están los actores para dar un buen combate con posibilidades concretas de éxito.

Lo que pasó en la legislatura bonaerense es una pequeña muestra de la política real. En ella no hay comunicados ni conversatorios. Las patronales 4.0 vienen por todas las actividades y los trabajadores organizados somos un estorbo para sus objetivos.

Como dijo un soldado del Regimiento de Patricios al ser consultado por un cronista de guerra sobre cuál era su misión en Malvinas: “Mi misión es aniquilar al enemigo. Estamos en tierra soberana y que no le quepa ninguna duda a todo el pueblo argentino que acá estamos los Patricios y acá vamos a caer. Y si tenemos que caer, que Dios así lo permita, podemos vivir honrados porque el día domingo ya hemos comulgado”.

Plutocracia cibernética delenda est.

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